La soja necesita absorber y/o fijar alrededor de 332 kg/ha de nitrógeno y absorber 24 g/ha de molibdeno para producir 4,0 tn/ha. A pesar de la pequeña cantidad de molibdeno, esta es indispensable en la obtención de mayores productividades, por participar directamente en la fijación de nitrógeno. La mayor parte del nitrógeno necesario para el cultivo de soja viene a través de la simbiosis, que se traduce en el desarrollo de nódulos radiculares, nichos ecológicos, en el interior de los cuales las bacterias se multiplican y transforman el N2 del aire en Amonio (NH3). Este, a su vez, es el intermediario clave en el proceso de fijación, marcando el comienzo de la incorporación de nitrógeno en compuestos orgánicos (aminoácidos y proteínas). La nitrogenasa, enzima responsable de este proceso, está compuesta por dos proteínas: 1) molibdeno-hierro-proteína (posee 24 átomos de Fe y 2 átomos de Mo), y 2) hierro-proteína (posee 4 átomos de hierro).
Del total del molibdeno absorbido por la soja, más del 80% es exportado por los granos, así, a través del uso continuo del suelo para la producción agrícola, con el pasar de los años, se disminuyen las reservas contenidas, y este micronutriente se torna deficiente pasando a limitar la productividad. Trabajos recientes muestran que no solamente el suelo está deficiente en molibdeno, sino también las semillas producidas por plantas cultivadas en estos suelos, presentan bajo tenor en molibdeno y, consecuentemente, menor peso de 1000 semillas y menor tenor de proteína. En este sentido, VOSS et al (1996), evaluando 88 muestras de semillas de soja provenientes de 36 municipios de Río Grande do Sul, encontró tenores de molibdeno en semillas entre 0,1 a 3,9 mg/kg (ppm), siendo que más del 50% de las muestras presentaron tenores menores a 1,2 mg/kg (ppm). De esta misma forma, YAMADA (1999), analizando semillas de soja provenientes del Estado de Paraná y de la región de Uberlandia (MG), encontró tenores de molibdeno en las semillas de alrededor de 0,03 mg/kg (ppm).